lunes, 21 de octubre de 2013

Esta sociedad y la falta de sentido.



Hay muchas cosas mal en este mundo, la organización que hemos construido, o en mi caso, dejado que otros construyan. Vivo en un apartamento en una ciudad muy cara. Y todo esto que me rodea es para tener para vivir (o vivir para tener), pero es que todo está muy mal. ¿Por dónde empezar? Hablaría del dinero, pero en sí mismo no es sino una forma de organización, comprensible, dado el número extenso de habitantes sobre el planeta, porque ¿qué otras formas de comercio o de organización económica hay? Podemos hablar desde el mercado, donde hay oferta y demanda. ¿Entraría el truque en algo así? Yo quiero leche y te la cambio por sacos que coso. Pero ese tipo de economía se siente algo extraña dado que tenemos tantas necesidades. Aunque sería mejor ponerlo entre comillas. “Necesidades”. De todo lo que hacemos todos los días, de todo lo que consumimos necesitamos comer, dormir, estímulos varios, estar sanos. Tal vez deje por fuera alguna otra necesidad, pero lo básico para estar bien que se me pasa por la cabeza es eso. Y ser querido, pero eso no se adquiere en el mercado, a menos que se compre esposo por internet. De resto son comodidades. Es un problema tan hondo, y no me siento lo suficientemente culta o inteligente para ahondar en él en toda su dimensión. Sólo quería hablar de que todo lo que creemos que necesitamos es una gran ilusión. No necesito ropa a la moda, tengo mi closet lleno de zapatos, un par para cada ocasión. Y no me sirven de nada, porque me construyen hacia afuera. No necesito una pañoleta que haga juego con cada estilo de ropa o cada color. Y es bonito, si, pero es inútil y detrás de la industria y del consumo hay grandes problemas que no hemos querido ver.
Por un lado está el asunto monetario. ¿De dónde saco mi dinero para comprar? ¿Me lo paga una empresa que vigila que no gane más de determinada suma para que no pueda dejar de trabajar cuando quiera y me dedique a viajar por el mundo? Los sueldos podrían ser más generosos si el dinero estuviera bien distribuido, pero entonces ¿qué poder llevaría a la gente a hacer tantas cosas que no le gustan? Si no es por dinero, ¿qué puede llevar a un minero a arriesgar su vida en una mina? ¿qué hace que alguien se decida a recoger la basura de la ciudad? ¿qué otras motivaciones pueden ser lo suficientemente fuertes para hacer que la gente realice los trabajos? (buenos o desagradables) Y también me pregunto si es posible acabar con la avaricia de tantos, esa hambre de poder que se ha adueñado de algunos y los quiere hacer controlar el mundo. Yo se que da miedo, el mundo es muy grande y hay gente bastante desagradable, pero tiene que haber otra forma de que nos organicemos sin hacer que tantos pasen necesidades. ¿Seríamos capaces de dejar de funcionar a través del dinero? Entonces despojaríamos a los millonarios de todo su poder. Y lo mismo con la crisis que se está gestando a nivel ecológico. Las abejas muriéndose y ahora los peces de lo más profundo del océano se encuentran en las playas. ¿Es que mueren y la corriente los arrastra? ¡o está pasando algo en los abismos del mar que los saca corriendo? Cualquiera que sea la respuesta creo que los culpables somos los seres humanos. Y entonces, en medio de esta especie de carta superficial mi solución sería volver a la raíz. Dejar de lado esta locura del supuesto éxito que todo el mundo quiere alcanzar, olvidar la promesa ridícula de fama y dinero que nos han vendido, dejar de entregar nuestros cuerpos a sus voluntades y darnos cuenta de que nuestros supuestos sueños no son nuestros, pero nos han convencido de que es de ese modo. Tal vez no se necesite un trabajo para estar bien, ni un apartamento lujoso ni un carro. Tal vez lo mejor sea ir a vivir al campo, en una tierrita con una huerta, tal vez una vaca que de leche o una cabra. O con una oveja para que de la lana y hacer la ropa. Y ahora hasta la libertad de sembrar nuestro propio alimento nos la quieren quitar. Haciéndose pasar por los dueños de las semillas. No es nada diferente a los europeos que llegaron aquí diciendo que esta tierra es de ellos cuando ni siquiera habían vivido en ella ni la habían andado. No la conocían. Ojalá nos diéramos cuenta que como sociedad tenemos la edad de un niño de unos siete años y que deberíamos empezar a crecer. Y empezar reconociendo nuestro ser interior y decirle “oye, te doy permiso de que estés en desacuerdo, te doy permiso de que no te guste y de que busques otros caminos, porque a la larga la vida puede ser otra cosa, sólo hay que abrir los ojos”.

Los colores y el cielo

Todo porque se cree que hay un cielo, pero en realidad hay muchos. Si buscan piso firme vayan a otra parte. Aqui sólo matices y posibilidades. Otros colores.

Y me robo esta imagen con todos sus derechos reservados. Porque creemos que podemos ser dueños de todo. Las cosas pueden ser diferentes.